Llegar a Nariño es como iniciar una aventura a través del tiempo en un territorio que sorprende por cualquier ruta cardinal que se emprenda. Descubrir pueblos pastoriles que aun urden bellos paños en telares con hilos de lana virgen, en medio de montañas cubiertas con “colchas de retazos” que forman la policromía de los cultivos de minifundio de la cordillera de los andes, en contraste con las chalupas que se deslizan por los laberintos del manglar estuarino del pacifico sur Colombiano. Hace que provoque una aventura por la naturaleza privilegiada en este territorio pan amazónico, andino y oceánico.

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